A CADA MOMENTO alguien se muere. En este mismo instante, hay varias personas sufriendo por la pérdida de un ser amado. Varios llorando una ausencia fría. Se fue. Disapiar. Blup. No está, se lo trago la nada, el silencio. Misterio absoluto. Y qué nos lleva a pensar esto? Que plín! Charáaan… ahhh, mmmm, si! Si! Alguien nace! Pín. Desde el centro mismo de la nada chuan, aparece. Es, se forma, va respondiendo a las órdenes perfectas del infinito. Va desarrollando sus captores de la realidad, para estar en este mundo. Para poder experimentarlo todo. Y de repente, el grito! El grito fuerte de la vida, la bienvenida al dolor, al ciclo, al camino, bravo bravo! Es tan lindo, ya nació, todos lo amamos, lo amamos tanto, queremos enseñarle a vivir, darle de comer, abrazarlo, darle toda nuestra dedicación, crecer con el, sentir más con la piel el espesor del misterio. Queremos ser familia, juntarnos, sacarnos chispas. Ser, existir, desfrutarse, desarrollarse, acceder a toda la potencia que llevamos dentro.
Juntar muchos recuerdos, pero solo recordar que la vida es hermosa, que re vale la pena. Solo recordar eso, y al fin morir en paz. Todo eso pasa en un abrir y cerrar de ojos para lo que sería el tiempo del cosmos. Sólo nos queda agradecer, ¿No les parece?
La de la foto soy yo. A mi que no me gusta aparecer en fotos. Pero esta vez si.
